La Ruta del Sabor de la Cantera: Zacatecas.
Un viaje gastronómico entre minas, pueblos mágicos y cocina del desierto.
Zacatecas no solo se recorre con la mirada con sus bellos edificios, se recorre también con el paladar. Su gastronomía nace del desierto, del maíz, del horno de leña y de la herencia minera y española. Esta ruta es una travesía deliciosa entre tradición, pueblos mágicos y propuestas contemporáneas, ¿me acompañas?
La capital es una ciudad colonial que sabe a calle empedrada, a horno y a guiso lento.
La Leyenda
Especializado en asado de boda, enchiladas zacatecanas, gorditas de horno y caldos tradicionales.
Acropolis Café & Restaurante
Un espacio donde los sabores locales se reinterpretan en clave contemporánea, ideal para desayunos y cenas ligeras.
Encanto del lugar
Museos, teleférico, plazas y arquitectura barroca convierten cada comida en una pausa estética. $400 a 600 pesos p/p.
Imagen: Sectur/Forbes. Catedral zacatecana.
A menos de una hora de la capital, Jerez es uno de los pueblos mágicos más encantadores del estado.
Mesón del Zacatecano
Se sirven birria, lomo en adobo, frijoles de la olla y tortillas hechas a mano, acompañadas de pan dulce y mezcal.
Encanto del lugar
Calles floridas, música y una tradición gastronómica que gira en torno al horno y al maíz. $250 a 400 pesos p/p.
Este pueblo mágico es famoso por su mezcal y su cocina rural.
El Mesón del Mezcal
Carnes al horno, quesos, salsas tatemadas y platillos preparados con destilados locales.
Encanto del lugar
Arquitectura colonial, clima templado y la sensación de estar en un pueblo detenido en el tiempo. $300 a 500 pesos p/p.
Imagen: @Vía México. Asado de boda.
Uno de los pueblos mágicos más fotogénicos del norte de México.
Los Portales de Sombrerete
Cocina zacatecana clásica: asado rojo, chiles rellenos, caldos y pan artesanal.
Encanto del lugar
Plazas, iglesias y viejas minas que envuelven cada comida en un aire de historia. $300 a 500 pesos p/p.
En esta ruta disfrutaremos cómo el desierto, el horno de leña, el maíz y la herencia minera se transforman en una gastronomía profunda, reconfortante y sorprendente. Es un viaje donde cada pueblo tiene su propio acento, pero todos hablan el mismo idioma: el del buen comer.
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Ir a cualquier playa
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La gastronomía